¿No te gusta la cerveza? Podría ser tu genética

Si eres o conoces a alguien a quien no le guste la cerveza, podría tratarse de mera configuración genética que influye en el procesamiento del sabor amargo.

Resulta que evolucionamos para identificar los sabores amargos como parte de alimentos y bebidas que potencialmente nos pueden hacer daño, ya que muchos compuestos tóxicos lo presentan, y este mecanismo es más fuerte en algunas personas.

Uno de los indicadores más fiables de la sensibilidad a los sabores amargos es la cantidad de receptores de este sabor que se tenga en la lengua. En la medida que este número sea mayor, es más probable que la persona deteste el sabor de la cerveza.

¡Sin embargo!… hay otros elementos a tener en cuenta, tal como el proceso de carbonatación que nos hace más sensibles a la temperatura de la cerveza. Estos receptores de frío también tienen variaciones genéticas. Por lo tanto, al igual que con los receptores de sabor, los receptores encargados de señalar qué tan fría está la cerveza pudiesen restarle atractivo.

Lo anterior es resultado de investigaciones realizadas por la Dra. Virginia Utermohlen Lovelace, Profesora Asociada Emérita de Ciencia de la Nutrición de la Universidad de Cornell.

Así que ya lo sabes, si no te gusta la cerveza, el problema eres tú, no la cerveza 😬